No estoy para tus mentiras,
Para tu ridículo estilo de vida
Lleno de fintas y amagues.
No voy a escuchar tus alardes de victima,
Ni seré parte de tus odiosas coartadas.
No me las banco, no me vienen, no me van.
Tu guión ya me lo se, y se como es que me ilusionas y luego me partes el corazón.
Y te olvidas, no llamas, yo tampoco lo hago…
Por eso ahora prefiero el frío,
A tu abrazo de plumavit
Tampoco quiero escucharte,
Ya me basta con el eco de tus palabras en mi memoria,
Entre estos estupidos recuerdos “que no suelta ni amarra”
A tu lado veo humo y sombra, cal y cemento,
Y eso ya me enturbio lo suficiente.
No quiero ir para venir, desear sin saber.
Juguete que se tiene y no divierte, ya cese de ser.
He escapado de tus manos que aprietan y de tus labios que se escurren,
Y no me interesa que ahora te entregues, arrepentida,
Como si se tratara de un embrujado deja-vú.
Abandone hace rato nuestras ruinas,
Ese parque visitado, esas páginas leídas al unísono.
Esa canción dedicada, ese paisaje compartido.
Las deje junto a tantas otras credenciales de dolor y de honor,
Y dejo en el estante este poema, tu único poema.
Y así expreso este gran dilema
Que derrite el hierro de mis otras letras,
Difumina tantos latidos que al viento alardeé,
Hace sangrar tantos pasados;
Y es que te quise, te quise tanto, y ahora no te quiero nada.
No te quiero.





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