Ella en medianoche

Enviado por F. Alberto Valdivia el 07/07/2009 a las 2:03
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Ayer no dormí casi nada,

Por quedarme conversando con ella,

Y así fue como,

Muy de a poquito y sin poner la cabeza en la almohada siquiera

Soñé toda la noche

Con aquellas cosas que te hacen sonreír.

 

Un sutil calor en la guata,

Además de un apenas perceptible temblor en la voz,

Y así también,

Fuimos haciéndonos cómplices de los explicito silencios,

Y jugaron en el viento, las miradas y las manos,

Con aquella música que te hace querer abrazar.

 

--

 

Un sueño pero despierto,

Así fue nuestra primera cerveza,

Ella con su sonrisa sensual y su pelo bien tomado,

Y yo… dándole la espalda al mundo y a la calle, fumando.

La conversación llevo al interés,

El interés a la cita, la cita al encuentro, y el encuentro;

El encuentro es un milagro con dos dioses.

 

No nos guardamos secretos,

Incluso compartimos un poco de nuestras locuras.

Luego creo que cantamos, y estoy seguro que bailamos.

Y en un minuto me dio hambre, hambre de ella,

Como si se fuera a esfumar, como si esa noche fuera la última,

Y ella, como adivinando, me recordó que hay mucha metafísica en no pensar.

 

--

 

Ella fingiendo no notar la estrategia de mis dedos,

Yo acompañando el decender de su espalda,

Con la paciencia que regala la madrugada,

Vamos descubriendo los rincones de nosotros,

Calculando los roces, besando por el puro placer de besar.

Nervioso, ansioso, gozoso. Un poco tonto, pero bien.

 

Son sus piernas las serpientes,

Sus suspiros mi vapor,

Y sus uñas el único nudo que me ata al puerto.

Es la realidad una pura ficción,

Y la única certeza es,

Que sin abrir los ojos puedo sentir que ella también tiene bien cerrados.

 

--

 

Hoy  he despertado sin poder despegarme,

Del recuerdo y del rastro de su pelo en mi pecho,

Del sabor a poesía de aquel buen vino,

Y del humo invasivo y escabroso.

Me voy quedando en encerrado, en este nostálgico poema,

Contando los corceles en el techo.

 

Con la mañana vuelta atrás,

Y el café helándose, quebrándose,

El sueño abandonando la tregua que le impuse,

Y la ventana demasiado viva, quemante.

Demasiado pronto para dudar,

Pero también muy cerca como para escapar.

 

--

 

No es el primer beso, ilusa.

Tampoco la forma en que te mira, ni la estrechez del abrazo.

Ni siquiera la palabra y el poema, ¿sabes?

Poco tiene que ver el modo en que te desviste, despistada…

Al final de lo que realmente se trata,

Es de cómo te mira cuando duermes.

 

En lo demás no hay que pensar.

 

 

 

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