Me pides que te recuerde,
Que te recoja en el mismo paradero de siempre,
Y caminemos por la plaza de filipinas.
Que nos sentemos en esa banca mirando a la avenida Tomas Moro,
Y nos detengamos en los cambios sutiles en nuestra manera de hablar,
Para luego desesperarnos, algo más ha cambiado.
Me lo pides desde el anonimato y la casualidad,
Algo más tenue que un suspiro y más sordo que un grito.
Me lo pides como un secreto.
Te saco una foto con mi celular,
Para que la próxima vez que me llames,
Pueda prepararme antes de contestar.
Nos cubre del sol ese árbol que lleva tu nombre,
Yo lo bautice para enamorarte,
Sin saber que de él me encadenaría yo también.
Son otros los niños que juegan en los juegos de la plaza,
Pero juegan tan parecido que podrían ser los mismos,
Nosotros también somos distintos ahora, pero jugamos también igual.
Luego del preámbulo, atacas.
Yo también.
En realidad quiero defenderme… pero no lo se hacer.
La caminata se hace exigua, y ya estas sentada en el living,
Yo te sirvo un café y te convido un yogurt.
No me lo habías pedido, pero yo ya te se.
Corre y vuela
Bucean las infidencias, las indirectas y los cumplidos.
Se esconde el dolor.
Nos detenemos,
Sabemos demasiado bien adonde vamos,
Pero siempre es bueno probar el freno antes de partir.
El celular apagado,
La taza vacia,
Y después de ti, cierro la puerta con pestillo, por última vez.
L.F.




